SIEMBRA ILUSIONES EN LA AFICIÓN
Aunque el público que arropó y vio perder al yucateco Rodrigo Pacheco por inapelable 2-6 y 2-6 en 68 minutos ante el español Alejandro Davidovich Fonkina, un top 50 de la ATP, en los cuartos de final del Abierto Mexicano, queda en la familia tenística y en los medios de comunicación nacionales y extranjeros, una sensación sólida: el futuro del tenis masculino tricolor ya está aquí.
La verdad es que esta noche, en la cuarta jornada del ATP 500 de Acapulco, Davidovich Fonkina salió con una consigna no negociable, la de tomar la ventaja y mantener controlado al jovencito de 19 años en todo momento, para que el público se mantuviera quieto.
Y lo logró con creces. Eso sí, jamás se comportó como el villano de la velada que comenzó a las 23:07 del jueves y terminó a las 00:16 del viernes. No festejó de más los puntos que ganaba, respetó al público, al oponente y nunca se jactó de la amplia superioridad que ejerció sobre Rodrigo, a quien incluso le dedicó un aplauso y palabras de aliento al final del juego.
Pero también es verdad que Rodrigo mostró las hechuras tenísticas que han provocado que la gente, justificadamente, se ilusione. Tiene detalles finos que pulir y afilar mucho ese colmillo con dosis y dosis de experiencia, pero la calidad la puso de manifiesto en cada saque y devolución.
Rodri se puede ir orgulloso del puerto guerrerense, donde escribió su nombre junto a los otros tres mexicanos que han pisado los cuartos de final en el Abierto Mexicano: Oliver Fernández, Leo Lavalle y Alejandro Hernández Juliá.
También se despide con 100 puntos para el ránking mundial, que del sitio 355 lo acercarán a los primeros 200. De esta manera, podrá aspirar a jugar en el año torneos de mayor categoría.
Rodrigo comentó que su meta inmediata es jugar en los cinco challengers que serán disputados entre marzo y abril en territorio mexicano, además de que reiteró su objetivo de colarse en este 2025 entre los mejores 200 del mundo y mantenerse ahí.
Quizá la afición mexicana al deporte blanco no tenga que esperar mucho para ver a un jugador nacional en las semifinales de un Abierto Mexicano, algo que no ocurre hace 32 años, cuando en 1993 la primera edición de este torneo se jugó en el club Alemán de ciudad de México.
Vale la pena recordar que quien lo hizo fue Oliver Fernández, quien en primera ronda venció 7-6 (3), 2-6 y 6-4 al argentino Franco Davín (quinto sembrado); en segunda ronda 6-4 y 6-3 a Agustín Moreno y en cuartos de final 6-4, 4-6 y 7-5 al español Alberto Berasategui, hasta que lo frenó 3-6 y 4-6 el austriaco Thomas Muster, a la postre tetracampeón del torneo.
Por Héctor OLIVARES / Reportero FMT).