En los años 60 del siglo pasado, tres mexicanos maravillaban a los aficionados al tenis que acudían a las inmediaciones de Boston y a Nueva York a presenciar los entonces Campeonatos Nacionales de Estados Unidos, conocidos hoy como el US Open, uno de los cuatro torneos que forman parte del Grand Slam.
Dos de ellos eran Rafael Osuna y Antonio Palafox, quienes se proclamaron campeones en 1962, y llegaron a la final de dobles en 1961 y 1963 en la afamada competencia, además de que el primero se convirtió en monarca de singles en 1963.
Cerraba el grupo Yola Ramírez, la mejor tenista mexicana de todas las épocas. La legendaria jugadora poblana había enamorado a los europeos a finales de la década de los 50, con actuaciones memorables en Roland Garros y Wimbledon. De hecho, en 1958, levantó el cetro de dobles en París con Rosa María “La Pajarita” Reyes.
En aquel entonces el tenis de alto nivel era tan diferente que el «US Open» tenía dos sedes y era jugado sobre césped. Los Campeonatos Nacionales de dobles de Estados Unidos no se jugaban en Nueva York, sino en Brookline, a las afueras de Boston, justo donde en 1900 nació la Copa Davis: el Longwood Cricket Club.
Además, los cuadros no eran disputados de manera simultánea, sino que primero se desarrollaban los campeonatos de dobles en Massachussets, a finales de agosto, y luego los de individuales, a principios de septiembre en Forest Hills.
Luego de años de gloria en Europa, Yola desembarcó en la costa Este de la Unión Americana para un torneo que si bien no le era desconocido, tampoco formaba parte de sus escalas habituales. Para la competencia de 1961, la nativa de Teziutlán, Puebla, hizo mancuerna con la alemana Edda Buding.
INVITACIÓN DE LUJO
Yola y Edda avanzaron rondas sin llamar la atención en un principio, pero los reflectores se posaron sobre Ramírez cuando los medios divulgaron la noticia de que se iba a convertir en la primera tenista mexicana en recibir invitación al circuito de Australia, en aquel entonces una tierra ignota para el tenis tricolor.
Las invitaciones a las exclusivas competencias en las canchas australianas, cuyos jugadores eran considerados «la crème de la crème», eran enviadas a tenistas extranjeras de la talla de Althea Gibson (Estados Unidos) o María Esther Bueno (Brasil), por mencionar a algunas.
Así que como reconocimiento a su sobresaliente labor en las pistas europeas, Yola fue invitada a jugar en Brisbane, Sídney, Melbourne, Adelaida, Perth y en los prestigiosos Campeonatos Nacionales de Australia.
EL TRIUNFO QUE ACAPARÓ TITULARES
En los cuartos de final, nadie daba oportunidad a Yola y Edda ante las primeras cabezas de serie, las estadunidenses Karen Hantze y Janet Hopps. Pero con un 6-0, 3-6 y 6-3 eliminaron a las máximas favoritas y se ganaron, por fin, no sólo la atención, sino los aplausos del público y de la prensa.
Enseguida, se metieron a la final al superar 6-0, 3-6, 6-4 a las norteamericanas Donna Floyd y Belmar Gunderson. Las agencias informaron: «El revés de Edda y la experiencia y colocación de Ramírez fueron la base de la victoria».
Los elogios no sobraron, y los especialistas reconocieron la calidad que había llevado a Yola a ser protagonista de lujo en Londres y París.
MERECIDO RECONOCIMIENTO
El 27 de agosto de 1961, Rafael Osuna y Antonio Palafox cayeron en la final de dobles masculinos 6-3, 6-4, 2-6, 13-11 contra Charles McKinley y Dennis Ralston, al mismo tiempo que Yola y Edda eran superadas en la final de dobles femeninos por la estadunidense Darlene Hard y la australiana Lesley Turner (4-6, 7-5, 0-6).
Ramírez aceptó que se equivocaron en la estrategia: «Ya sabíamos que Darlene era una fiera en dobles, pero Lesley fue la que nos ganó. ¡¡¡Qué bárbara!!! ¡¡¡Cómo jugó!!! Así ni coraje da. Aunque siempre se siente feo estar tan cerca de ganar un campeonato y no llegar».
Y así lo narró la agencia AP: «Las señoritas Buding y Ramírez evitaron, siempre que les fue posible, enviar sus tiros a Darlene Hard y concentraron sus ataques en la muchacha australiana, pero esta salió airosa de la situación».
Yola, algo triste, resumió así aquel día: «Los muchachos (Osuna y Palafox) tuvieron muy mala suerte en el cuarto set. Estaban jugando precioso, pero tampoco se les hizo. Nos quedamos todos en la final».
Sin embargo, en un país en el cual la victoria es lo único que importa, los tres jugadores mexicanos dejaron huella por aquel desempeño de 1961 en Brookline. «Hay que reconocer que se ha llegado a una altura no alcanzada antes por tenista mexicano alguno», destacó en un cable AP.
EL DATO
En 2021, el US Open vio a otra finalista mexicana, Giuliana Olmos, en dobles mixtos con el salvadoreño Marcelo Arévalo.
-Héctor Olivares (reportero/redactor FMT), con información de los archivos de Roberto Téllez (Director de Comunicación de la FMT) y datos recabados en la Hemeroteca Nacional de México.